
Llevo un iPod Classic de 160GB en una alforja. Es el segundo que tengo a lo largo de los años. El primero se me rompió, aunque aún lo conservo en alguna caja esperando el día que me decida a repararlo. Ambos los compré de segunda mano en excelente estado, varios años más tarde de su lanzamiento y a buen precio, algo así como una cuarta parte de su precio original.
No es una reliquia que saco de vez en cuando por nostalgia, aunque tampoco podría decir que actualmente es mi reproductor principal. Lo cierto es que de a ratos lo uso bastante, y me gusta usarlo. Y sí, sé que suena anacrónico en 2026, cuando todo el mundo lleva la música en el teléfono móvil y con servicios de streaming.
La realidad es que también uso el teléfono móvil para escuchar música, sobre todo para descubrir música nueva ahora que estoy de viaje y uso menos la PC. Escuchar podcasts también me resulta más práctico en el móvil, y uso bastante unos auriculares bluetooth que no podría conectar al iPod. Pero mi iPod Classic «le gana» al teléfono móvil en algunas cosas.
Por ejemplo, gana en el almacenamiento. Son 160 gigabytes, eso son miles de canciones en FLAC, gran parte de mi colección de música sin compromisos. Mi móvil tiene más espacio, pero también tiene otras prioridades: fotos, aplicaciones, mensajes, un poco de caos digital. Tener un dispositivo dedicado exclusivamente a la música libera espacio y, lo que es más importante, libera batería. Cuando estás viajando en bicicleta, como hago ahora, cada porcentaje de batería del móvil cuenta para el GPS, para sacar alguna foto rápida en la ruta, investigar algo necesario o apara una emergencia. El iPod se encarga de la música y punto.
Servicios como Spotify y YouTube Music son muy útiles, no lo niego, facilitan el acceso a la música. Pero hay música que simplemente no está ahí. Álbumes de Bandcamp que compré directamente a los artistas, algunos CDs que compré de proyectos independientes y luego digitalicé, música libre que descargué de Internet Archive o Jamendo. Tener todo eso en local, en buena calidad, sin depender de conexión ni de que alguien decida quitarlo del catálogo, es una libertad que valoro muchísimo.
Y cuando viajas, esa música offline cobra otro sentido. No he encontrado muchas conexiones WiFi estables a lo largo del viaje, y los datos móviles son un recurso escaso que procuro cuidar. Con el iPod tengo música siempre disponible.
Rockbox: la segunda vida del iPod
Rockbox es un firmware alternativo que transforma completamente el iPod. Ya no dependes de iTunes y las plataformas en las que funciona (y que, siendo honesto, nunca me pareció una maravilla en cuanto a usabilidad). Conectas el iPod al la PC, aparece como un dispositivo de almacenamiento USB más, y arrastras carpetas. Así de simple.
Pero Rockbox es bastante más que eso. Soporta formatos que el firmware original de Apple no: OGG Vorbis, que es libre de patentes; FLAC sin pérdida; incluso módulos y formatos exóticos si por ahí tenés alguno. Se puede personalizar la interfaz, ajustar el ecualizador con mucha precisión, crear listas de reproducción dinámicas. Es como si el iPod hubiera recibido una actualización de software 15 años después de que Apple lo abandonara.
Y tengo que decir, hay algo profundamente satisfactorio en usar software libre en un dispositivo de Apple. Es darle una segunda vida a algo que de otra forma habría terminado en un cajón o en la basura electrónica.
La intencionalidad de escuchar música
Esto es lo que más valoro: cuando saco el iPod, voy a escuchar música. No voy a revisar correos, ni responder mensajes, ni distraerme con redes sociales. Es un dispositivo con un único propósito, y esa simplicidad se ha vuelto valiosa en una época donde todo compite por tu atención. Elegís un álbum, le das al play y te concentras en la música. No hay notificaciones. No hay tentación de revisar otra cosa.
¿Nostalgia o pragmatismo?
Claro que hay un componente nostálgico. No tuve un iPod de adolescente, pero recuerdo con cariño el primer reproductor MP3 portable que tuve, y lo mucho que disfruté escuchando canciones con sus 512MB de almacenamiento. El iPod me recuerda a esa época, y un un hardware bastante mejor. Pero lo que me mantiene usando el mío no es la nostalgia: es que funciona mejor para lo que necesito que cualquier alternativa moderna.
Reconozco que los servicios de streaming son tremendamente convenientes. Que usar el telefono móvil, con sus conexiones a parlantes y auriculares por bluetooth y su conectividad directa a internet es muy útil para descubrir música nueva o escuchar algo rápido. Y por otra parte, tengo mi iPod para cuando quiero escuchar de verdad, con mi biblioteca, mi música, sin depender de nada más.
Apple no va a revivir el iPod. Lo entiendo. Y si se buscan hay otras alternativas, quizás mejores. Pero mientras mi iPod Classic siga funcionando, y mientras Rockbox siga dándole vida, seguiré llevándolo conmigo.